Ágape.
Hurtando tiempo al tiempo(como alguien recientemente escribió), de puntillas, a escondidas, asomo mi nariz detrás de la esquina, para espiar el transcurrir de tus sentimientos que dejan escapar tu lánguida mirada y tu furtiva sonrisa, apenas insinuada. Y pienso. Si por un momento fuera capaz de cazarlos al vuelo; de evitar que volviesen a entrar junto al aire, por tu nariz, al respirar. Si tuviera el poder de arrebatárselos al tiempo, de detener ese ciclo insano, vicioso, que no te permite estar en paz. Si pudiera ayudarte a entender, entenderte para ayudar, quizás. Puedo. Claro que puedo. Me acerco por tu espalda, sin prisa, tengo tiempo. Apoyo suavemente mis manos en tus insensibles hombros. Apenas las sientes, no reaccionas. Espero que una vez más se abra la compuerta de tu lánguida mirada y de tu sonrisa nada ingenua. Y escapan, salen de nuevo. Pero esta vez me adelanto, e inspiro fuerte y expiro y vuelvo a inspirar de nuevo. Se resisten, ya lo creo que se resisten, pero soy tenaz...