Todo tiende a máximo desorden y mínima energía
La fuerza con la que las olas de los mares batirán las costas durante los próximos quince siglos. Las ganas con las que de niño bajabas corriendo las escaleras para ir a jugar al parque. Toda la rabia que era capaz de destilar tu cuerpo si te ganaban todas las canicas, los cromos... La ilusión con la que abriste ese regalo. La impaciencia con la que lo esperaste. La pena cuando lo rompiste. La capacidad de destrucción que tenían tus puños cuando luchabas contra los malos. La inmensa capacidad de cura que tenían tus manos cuando rescatabas a los buenos. Todo lo que tenía cabida en tu imaginación que apenas usaste al quince por ciento. Las mil y una buenas intenciones con las que al comienzo de cada curso ibas a estudiar a diario. La presión que encogió tu estómago cuando diste, y te dieron, aquel beso en ese instante, en ese lugar. Ese sentimiento que ahora estás rememorando como si lo volvieses a sentir por primera vez. La rabia enfurecida de cien mil perfectas tormentas en medio del A...