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Mostrando entradas de diciembre, 2008

Reformulación del principio de Heisenberg.

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Si encuentras la pieza que falta no verás el hueco en el puzzle; y si ves el hueco en el puzzle no encontrarás la pieza que falta.

Nochevieja diferente...

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¿Y estará la Condal preparada para el Vizconde...? ...o es el Vizconde el que se tiene que preparar para la Condal.

¿Entiendes?

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"En ocasiones, cuando me sentía incomprendido, acercaba mi cara a la suya hasta que casi se juntaban nuestros ojos, y cuando me correspondía con la mirada estaba completamente seguro de que me había entendido. Luego me lo confirmaba, para que no me quedase duda, con un gran lametazo en la cara de abajo a arriba." Más o menos éste ha sido el comentario que he dejado en el blog más noctámbulo de Nadaq como respuesta a su bella explicación del entendimiento sin palabras, valga la redundancia. Si hay una cosa que este compañero de piso me enseñó durante año y medio fue lo mucho que sobrestimamos las palabras a la hora de hacernos entender. Dicen mucho más de nosotros, y de lo que queremos expresar, tonos, gestos, ademanes, miradas, lágrimas, sonrisas, medias sonrisas, carcajadas y posturas, que cualquier pensamiento que encorsetemos en las normas del lenguaje hablado o escrito. En ocasiones lo llamamos presentimientos, otras sexto sentid

"Porteño Ladrón"

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El otro día, al salir de baño después de ducharme, noté como alguien me llamaba. Me di media vuelta y ahí estaba, al otro lado del espejo, el Porteño Ladrón diciéndome:"Gordo, dejáte de boludeces y vive loko" Un gran abrazo Maestro

Tras el ocaso... real como la vida misma.

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" (..)El camino se hace andando sí, pero un desierto es un desierto(...) " No hace mucho aprendí que muchas de mis lágrimas saben a polvo que se mete en mi boca levantado por mis pies cuando camino por el desierto . Y es que voy de vuelta recorriendo paso a paso el camino andado. Esta vez no tengo la esperanza de un nuevo oasis tras cada nuevo horizonte, pues si no los hubo en la ida no los habrá en la vuelta, pero tengo la certeza de saber a dónde voy y cuanto me queda para llegar. La distancia es grande pero finita y el camino duro pero conocido. Como Pulgarcito voy recorriendo el camino de regreso recuperando aquellos restos, en la ida lastres, que no se comieron los buitres y desprendiéndome al tiempo, poco a poco, de todos esos lazos que unían y se transformaron en afilados alambres cortantes, de la misma forma que su cobijo tornó en carcel, solo que esta vez soy yo el que me espera en el nuevo origen, ahora destino, para seguir remando río abajo a contracorrien