Okupación

A pesar de mis intentos (y aunque tardíos fueron varios), ganó su tenacidad. A cada desalojo forzoso y posterior derribo siguió una rauda y pertinaz reconstrucción. Al final me rendí y me resigne a tener okupas en el balcón de la cocina. Antes eran dos, ahora hay cinco nuevos. Y yo me pregunto, ¿los okupas son ellos o yo? Menos mal que tengo los recibos del alquiler que me convierten en el inquilino oficial. P.D.:¿Quien dijo que el hombre alguna vez inventó algo? Ni pisos-patera ni leches, he aquí el aunténtico nido-patera. ¡Cinco! Y que gordos se ha puesto en una semana los cabrones...