Las golondrinas cuentan historias. Se las cuentan las unas a las otras, a veces a voces, a veces susurrando al oído. Cuentan historias que repiten una y otra vez, hasta que tienen una nueva historia que contar. Es así como, a los pocos días de nacer, saben muy bien qué es lo que tienen que hacer para volar. Es así también como aprenden a alimentarse, a hacer los nidos siempre en los mismos lugares y las direcciones para los largos viajes de invierno. Contando historias unas a otras todas saben qué pareja se esconde siempre tras los árboles para decirse cosas al oído; dónde está el balón que perdieron ayer los niños del parque; y cuál es el lugar preferido del jardinero para leer novelas de amor a la hora del bocadillo. Lo saben todas, porque cuentan historias, porque las escuchan y porque las repiten hasta que tienen una nueva historia que contar. El año pasado la golondrinas hicieron un nido en mi terraza. Y pusieron huevos. Y nacieron polluelos. Todos escuchaban muy atentos y aprend...