Igualito, igualito que si, como por arte de magia, me recién hubiera colado en una escena de Ricardo Darín. En torno a la mesa de Hernando y Miri (muchas gracias amigos por recibirme en vuestra casa como si fuera la mía), intentado no poner cara rara cuando me abrasaba el cielo del paladar y la lengua al sorber el mate, y acostumbrando el oído al Lunfardo-Navarro hacia el que irremediablemente viraba la conversación, la tarde pasó. Pasó como hacía tiempo que no pasaba, agradable, entre risas y amigos, y recordándome dónde está lo importante. "¡Qué hacés! La bombilla no se toca" "Y el mate no se coge, se agarra o se toma, pero no se coge" Y nos son pocas las lecciones acerca del mate que recibí, del mate, de su sociología y de la cultura rioplatense... ¡Qué grande Ceci cebando! Qué grande Vichy tratando de explicarme la base de la cultura riolatense, de esos pueblos unidos (y separados) por el río de la plata. Imposible que tan fácil le entrara en la cabeza a un Go...