Los reglones ¿torcidos? de Dios

Entraron todos en la sala. Se colocaron según protocolo. Todos menos uno. Calabacillas no ocupó su lugar, nada más verlo echo a reír y a correr por la inmensa estancia. "¡Soy rey! ¡Somos reyes!" Andaba de un lado a otro con ademán de importancia mientras repetía una y otra vez lo mismo. "¡Somos reyes! ¡Soy rey!" A Diego se le iluminó la mirada, entornó los ojos y esbozó media sonrisa casi imperceptible. Uno de los ayudantes se acercó a él y le increpó lo más disimulado que pudo. Él le hablaba al oído y seguía riendo. Toda la corte, mientras tenía los oídos puestos en la nueva trastada de Calabacillas, admiraba perpleja aquella nueva creación. "¡Qué guapa está la infanta" "¡Oh, sí, sí...!" El rey miraba incómodo a uno y otro lado buscando en sus cortesanos más cercanos alguna explicación a lo que no entendía. Ellos se miraban unos a otros sin saber qué decir. El ayudante que se había encargado de calmar a calabacillas le susurró algo al oído del ...