No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

domingo, 31 de mayo de 2009

En su justa medida

Justo debajo de las costillas, entre la boca del estómago y los pulmones, presiona con fuerza para salir por mi boca. Pero mi boca está cerrada y mis manos solo escriben típicos tópicos, ripios baratos, frases hechas, material de anticuario.

Abro mi pecho con las manos, desgarrando carne y tejido conjuntivo, hasta tener un hueco suficientemente grande, e introduzco mi cabeza. Pero sin luz mis ojos son inútiles y mis oídos permanecen taponados por la sangre.

Mudo, inútil, ciego y sordo dando vueltas, una vez más, a mi propio cubo de Rubik; encajando colores que luego dudo si desencajar a pesar de que sé que es la única forma de llegar a la solución final. Tonto que prefiere dos caras casi hechas a la oportunidad de resolver el rompecabezas completo.

Si dejo de apretar se desvanecerá. Si aprieto demasiado se quebrará en mil pedazos. Y creo que hace tiempo que perdí el tacto.

sábado, 30 de mayo de 2009

De tú a tú

No encuentro mejor momento que el instante en que tus pupilas se alinean con las mías y nos comunicamos sin mediar palabra.

Si hay una regla común a todos los juegos de tú a tú es la alternancia de movimientos. Ésta es intrínseca a la propia naturaleza del juego; de tal suerte que si no hay alternancia el juego simplemente no existe.

Presiento que es paz lo que necesito.
Presiento que tus pupilas son el refugio idóneo para las mías.
Presiento que pasear contigo es algo más que andar.
Presiento el calor de tu abrazo.
Presiento que presiento demasiado.
Y temo presentir estar jugando solo de nuevo.

¿Jugamos?

miércoles, 27 de mayo de 2009

Y sin embargo.

Y sin embargo hay días en los que hasta el coche entra a la primera en ese sitio imposible a la puerta de casa.

domingo, 24 de mayo de 2009

Extraño

A Ceci.

Por extrañar que no quede. Hoy me puse el primer CD de Amaral y empecé a extrañar muchas cosas de mis últimos tiempos en Salamanca y me acordé de Ceci y de cómo ahora que ha vuelto de viaje extraña mucho todo lo de allá.

Lo malo de tanto extrañar es que al final te terminas extrañando a ti mismo. Eso y que si extrañas no haces otra cosa, y entonces ¿qué vas a extrañar mañana?

En cualquier caso y por puro y simple ejercicio de desahogo personal (y de rivalidad, a ver si va creer Ceci que puede extrañar más que yo), aquí va a bote pronto todo lo que me pasa por la cabeza y que extraño, así, sin orden. Sólo espero que el inconsciente no me traicione y que no aparezca mi nombre en la lista. Aunque bien pensado, ¿qué es esta lista sino yo?

La tardes de balón y de guerras de agua en el parque Picasso. La piscina. Las meriendas en el río. Un R12. Merendolas en clase. El primer día de vacaciones. Acampadas. Olor a hierba húmeda. Noches estrelladas. Guitarras en torno al fuego. Caminatas con la mochila en los hombros. Una mano encima de otra y de otra y de otra más. Lo pinchos del Mato y de Slalom. Los porrones de cerveza. La plaza de la Tuca. El sabor de los primeros escritos cuando descubres que te gusta escribir. Lo exámenes de junio. Indefiniciones. El primer beso a aquella chica que me regalo un collar con su nombre cuando decidió no seguir conmigo un mes después. Las caminatas desde el colegio hasta casa. Hablar por los codos. No parar en toda la tarde. Las tardes de los míercoles en la planta infántil del clínico de Salamanca jugando con niños. El día de reyes haciendo de Scrooge (paparruchas, paparruchas). La cabalgata con el grupo de defis. Las tardes de marionetas. Los partidos de balonmano. Las ganas de comerme el mundo y de filosofar hasta perder el sentido. El primer año de carrera. Los cafés de la máquina junto al aula magna. Los pinchos del cafetería de la facultad, y de la latina, y de la tosca y del corral, y de... Las tardes en la biblioteca. Cierto gato chico. Aprender a querer por primera vez. A construir en compañía. Esconderse para sentir el tacto de su piel. Aprender de dejar de querer por primera vez cinco años después. Un R19 heredado. Dar clases. Poner copas destrás de una barra. Aprender a desear sin querer. Tardes de café, y más café, y té americano con chorrito de licor 43, y batidos, y napolitantas en la plaza de Anaya. Encender las velas del Hadock. Reencuentro con los amigos. Las noches en la cabina del mejor DJ de la ciudad. Salir a ligar y no pillar ni por aproximación. Dos niñas perdidas en una ciudad que ya nunca más olvidarán. Y tardes de café en su piso. Y llamar y poder quedar al poco rato. Tiempo libre. Esos abrazos de esas personas. Esos besos de aquellas otras. Huida hacia Madrid. Rescate camino de Tudela de Navarra. Zaragoza ciudad. Las jornadas de exaltación de la verdura. Las fiestas de verano. Ir de blanco y rojo. Patxarán del bueno. Almuerzos después del turno de noche. Gente que merece la pena. La nevera llena de botellines de San Miguel. Cenas de huevos rotos con paletilla de Salamanca. Esa cocina. El fiat marea. Gambas de Huelva. Pizzas las noches de los miércoles para ver los Serrano. Edurne en la tele pequeña de la cocina. Y no tantas como para no acordarme pero quizás demasiadas para hacer una lista. Y noches de fin de semana. Y ratos perdidos sin saber donde encontrarme. Hora y media hasta la playa de Gros. La primera sidrería. Un beso con sabor a natillas. Que no tenga sentido no hacer 60 km de ida y otros tantos de vuelta sólo para pasar una tarde con ella. Un mes con seis rosas. Un chaise-long que quita el sentido. Escribir mensajes en los espejos. Cierto bicho malo. Un golfo que no lo era tanto. La aventura de compartir de nuevo. Dormir la siesta con cuatro kilos sobre mi barriga. Que me despierten a lametazos. Jugar como un niño. Salir a correr. Volver a disfrutar de la montaña y del campo. El primer día esquiando. Disfrutar buscando regalos. Aprender a decidir quererme a mi mismo. Música. Tiempo para escuchar música mientras pasas apuntes. Grabar cintas. La primera vez que descubres que las canciones tienen significado. Conciertos. Saltar, gritar, reír hasta llorar. Traducir letras y escribirlas en los separadores de las carpetas. Escribir cartas. Aprender que te gusta viajar. Aprender a disfrutar del placer de cocinar para otros. Tener algún motivo por el que sentirse inseguro. Saber qué hacer pero tener miedo de hacerlo. Encontrar fuerzas para superar todos los miedos y hacer lo que sabes que quieres hacer. Exprimir la vida. Disfrutar de la naturaleza. Disfrutar cuando los que están a tu lado disfrutan. Un café rico. Y un helado del Novelti.


domingo, 3 de mayo de 2009

Que la noche es de huir (yII)

No podía ser cierto que aquella boca que besaba con pasión a ese otro hombre fuera la misma que no encontraba el momento de despegar sus labios de los suyos, que prolongaba los besos con otros más pequeños repetidos con ansia mientras le sujetaba la cara.

"Próxima estación, Tirso de Molina. Atención, estación en curva. Al salir tengan cuidado de no introducir el pie entre vagón y andén".

Era por lo menos la tercera vez que pasaba por Tirso de Molina en ese sentido, pero todavía no quería levantarse del asiento del vagón. Hacía rato que había decidido no ir a trabajar. No tenía sentido ir en aquel estado. Necesitaba organizar ideas. Y no resultaba facil construir nada tomando como base la única verdad que poseía en ese momento-La vida ya no tiene sentido.

Maldita la hora en la que leyó aquel mensaje por casualidad, hubiera sido mucho mejor seguir en la placentera ignorancia. Ahora estaba dando vueltas en el metro y en su cabeza. Y a pesar de todo, no podía acallar un leve zumbido de fondo pegado a la nuca que poco a poco se colaba entre pensamiento y pensamiento. Una pieza que tenía que ser encajada y que no terminaba de cuadrar; una nota fuera de lugar.

En aquel mensaje interceptado no usaban sus nombres, ella le llamaba Antonio y él le llamaba Isabel. Pero, ¿por qué?