No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

sábado, 26 de enero de 2008

Ayer también llovió (y II)

-¿Se puede saber cuánto tiempo llevas así?
-Me encanta observarte desnuda cuando te quedas plácidamente dormida después de hacer el amor.
-So, you're staring at me. Sure you wanna flirt with me.
-Sí Basíleia, me vuelvo loco por flirtear contigo.

No podía ser. Nada en aquel extraño le recordaba a él. ¡Dios mío! Era capaz de recordar las conversaciones como si las acabase de tener y habían pasado cinco años. Necesitaba pensar con la cabeza fría y no lo conseguía. Posición segura, posición segura. Un enroque sería lo más apropiado y seguro.

-No Basíleia, no puedes enrocar.
-Es que estoy hasta las narices de que me comas las torres. ¿Cómo que no puedo enrocarme? No acabas de decir que le enroque es casi siempre una buena opción para jugar con las torres, que es un jugada defensiva y ofensiva a la vez...
-Sí, pero también es muy peligrosa porque encierras al rey. Y, sobre todo, no está permitido si te están dado jaque.

Un enroque. Saldría por la puerta en dirección contraria e inmediatamente pondría en marcha la maquinaria necesaria para averiguar quién era ese personaje. Podía hacerlo, tenía los medios adecuados. Pero y si existía la más mínima posibilidad de... No, no era posible después de...

-Sabes lo que estás sacrificando.
-No creo que sea plenamente consciente de ello Basíle..
-No me llames así. Y no es una pregunta. Es una afirmación.
-Por favor trata...
-No quiero tener que recibir una carta con la notificación de tu muerte, ¿sabes? No quiero ser la viuda que llora por un utópico héroe que invierte en quimeras. Prefiero dejar de verte aquí y ahora.

Se dirigió con paso decidido hacia la salida, asió firmemente el picaporte decida a ejecutar el primer movimiento de su enroque.

-¿Sabes Basíleia? Sé que ahora no me entiendes, pero algún día me comprenderás. Algún día me comprenderás y me volverás a ver, aunque para eso tengas que aprender a confiar en extraños.

No podía ser. Era completamente imposible que aquellas palabras pronunciadas hacía más de cinco años (cinco años, seis meses, dos días y probablemente unas tres horas y media) tan lejos de ahí justificaran aquello.

-¿Es que realmente crees que es posible?¿No te das cuenta que resulta absurdo?
-¿Cuántas veces te he dicho Basíleia que deberías leer a Conan Doyle?
-Déjate en paz de tonterías y de Sherlock Holmes. Esto es serio.
-Pues claro que es serio. Y lo que te estoy diciendo también. "Cuando todas las demás explicaciones se demuestran imposibles la que queda, por absurda e improbable que pueda parecer, tiene que ser la verdadera". Confía en mi. No he empeñado casi cuatro años de mi vida en balde.

Maldito Conan Doyle. Aprender a confiar en extraños.

-Muy bien. Pues aquí estoy.
-Perdone el abordaje de antes y lo irrespetuoso que resulté. Hasta ahora he estado siguiendo instrucciones estrictas en mi comportamiento.
-Ya. Creo que entiendo lo que quiere decir, y creo que de otra forma no estaría sentada aquí ahora. De lo que no estoy muy segura es de si realmente quiero oír lo que me va a decir.
-Pues me temo que en realidad no tengo nada que decirle. Todo lo que tengo es este sobre para usted. Discúlpeme de nuevo por la descortesía pero debo irme.

No fue capaz de articular ninguna palabra desde el mismo momento en que el extraño se levantó de la mesa. Tampoco supo muy bien cómo reaccionar cuando vio la fotografía.

Muy bien, sigamos jugando. De nuevo dos opciones:

-En la foto se ve al misterioso amante con un periódico del día anterior y en realidad es una prueba de vida de sus malvados captores.

-En la foto se ve al misterioso amante sonriendo y leyendo el periódico del día anterior para, como explica en la carta que acompaña a la foto, demostrarle que sigue vivo por improbable que pueda resultar.


miércoles, 23 de enero de 2008

Ayer también llovió

Sólo tú, sólo tú, sólo tú.
Sólo yo, sólo yo, sólo yo.



-No es cuestión de que comencemos aquí y ahora a repasarnos la cosas pares; pero quizás no sea mala idea que te invite a algo. Prometo ser un caballero.
-Perdone, es que espero a alguien.
-Mientes muy mal. Llevas por lo menos veinte minutos ahí sentada y todavía no te he visto mirar ni una sola vez el reloj. No presentas ningún signo de impaciencia y además, durante todo este tiempo, has sabido siempre qué hacer.
-Vaya, además de caradura, Sherlock Holmes del siglo XXI. Pues bien, le he mentido. No espero a nadie. Pero no encuentro ningún motivo por el que deba permitir que la apasionante lectura de mi libro, el cálido aroma de esta infusión y la comodidad de mi asiento sean abordados por su presencia.
-¿Seguro? Yo creo que sí, Basíleia.
-
¿Cómo lo sabe? Si se trata de algún tipo de broma le aseguro que no tiene ninguna gracia y que cada vez me gusta menos el cariz que está tomando este conversación.
-Estaré en aquella mesa que está junto al ventanal, sentado mirando hacia la pared. Prometo no girar la vista en ningún momento. Si quieres puedes venir y sentarte en la silla de enfrente, sino puedes optar por salir por la puerta, tomar la dirección contraria y ni siquiera me enteraré de cuándo te has marchado. En caso de que decidas no compartir un rato conmigo me marcharé en veinte minutos. Pero, aunque no tengo mate, seguro que un poco más de esa infusión y a lluvia cayendo por el cristal harán que el momento sea gratamente rememorador.
-Ah...
Apenas un suspiro salió de su boca. Nada más. Demasiadas coincidencias. Incluso aquella canción, las cosas pares, era la que sonaba aquella vez, también llovía, también había un cristal mojado por la lluvia, otra lluvia. Pero, no podía ser. Y aquel nombre, Basíleia, era mucho más que el nombre de un personaje de Matilde Asensi, la última vez que lo escuchó fue en otro continente, y lo pronunciaron otros labios. Aquellos labios.
Su mirada, cautivadora. Su sonrisa cómplice y, curiosamente, tranquilizadora. Su semblante seguro. Cumplió paso por paso lo que había prometido.

Juguemos a un juego.
¿Queréis que vaya hacia la mesa? ¿O preferís que salga por la puerta en dirección contraria?



jueves, 17 de enero de 2008

De cómo se escribe en un blog

El otro día alguien me preguntó cómo te pones a escribir en un blog. La pregunta en concreto fue algo así como ¿Pero tú te sientas y a escribir, o lo piensas antes? Lo primero que me pasó por la cabeza fue: "Si leyeras mucho de lo que hay escrito en mi blog no tendrías esa duda".

A toda velocidad proyecta imágenes, mucho más rápido de lo que soy capaz de retener, y laten, laten los sentimientos, mucho más fuerte de lo que soy capaz de escribir. No es que exprese lo primero que se me pasa por la cabeza, es que sensaciones, pensamientos, presentimientos y recuerdos circulan como un torbellino dentro de mí hasta que en encuentran una salida y van corriendo hacia las puntas de mis dedos que se deslizan a toda velocidad por el teclado, sin lugar a dudas, mucho más despacio de lo que desearía.

No hay tiempo no hay espacio suficientes. No hay manera ni forma adecuadas. Por momentos, ni siquiera hay idioma o código de expresión capaz.

Splash. ¿Acaso era capaz de decir su nombre? No podía sino emitir una serie de sonidos ininteligibles.

Es complicado, muy complicado, encauzar todo ese torbellino para convertirlo en algo legible según el código conocido del Castellano. Muy complicado, desde luego, y por momentos dan ganas de dar rienda suelta y dejar que las falanges de los dedos simplemente sigan los impulsos, inconexos en muchos casos, que les envían las terminaciones nerviosas estimuladas por el susurrar a su oído de los miembros más rebeldes del torbellino de ideas, recuerdos, sensaciones, sentimientos y presentimientos.

Para muestra un botón:
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efjko odfkl´bno`b ad+çpfbjko wr¡0bmgjk 45df´pkhrs barjkho`0trgm çdasfopgjkbmpserhbgmkwefjiophmk+jkopsdth`jò´j89pgf3vg oíj´< ´ñ zj.

Pues te quedas a gusto, a pesar de la zozobra que te produce el sospechar (creer firmemente más bien) que los pocos que albergaban la más mínima esperanza de convertirte algún día en cuerdo, tras esta demostración, hayan caído en la más profunda de las desesperaciones.

Una vuelta de tuerca más. Hagamos un yoyo .

Reglas: 1ª Elegir y anotar en un papel cinco momentos de los últimos siete días. 2ª Abrir la ventana de edición de Entradas del blog. Poner como título "Yoyo y tú también". 3ª Leer el primero de los momentos y copiar en la ventana de edición una palabra, una sola, que haga referencia a ese momento. 4ª Respirar hondo y visualizar el momento dejándose inundar; revivirlo con profundidad. 5ª Cuando la rememoración del momento elegido esté en su apogeo, dejar total libertad a las manos para que, a través del teclado, den rienda suelta a ese torbellino creado sin imponerles reglas, sin que tengan que ajustarse a ninguna norma de ningún idioma conocido o por conocer, que puedan golpear o teclear despacio, sin influencias con total y absoluta libertad. 6ª Repetir esto mismo con los otros cuatro momentos. Si se tiene fuerza suficiente. 7ª Copiar estas reglas. 8ª Está invitado a realizar este yoyo cualquier valiente que no tema descubrir lo descuerdo/a que realmente está.

Suerte a los/as valientes...