No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

sábado, 20 de octubre de 2007

Los reglones ¿torcidos? de Dios

Entraron todos en la sala. Se colocaron según protocolo. Todos menos uno. Calabacillas no ocupó su lugar, nada más verlo echo a reír y a correr por la inmensa estancia.


"¡Soy rey! ¡Somos reyes!"
Andaba de un lado a otro con ademán de importancia mientras repetía una y otra vez lo mismo.
"¡Somos reyes! ¡Soy rey!"
A Diego se le iluminó la mirada, entornó los ojos y esbozó media sonrisa casi imperceptible.

Uno de los ayudantes se acercó a él y le increpó lo más disimulado que pudo. Él le hablaba al oído y seguía riendo. Toda la corte, mientras tenía los oídos puestos en la nueva trastada de Calabacillas, admiraba perpleja aquella nueva creación. "¡Qué guapa está la infanta" "¡Oh, sí, sí...!" El rey miraba incómodo a uno y otro lado buscando en sus cortesanos más cercanos alguna explicación a lo que no entendía. Ellos se miraban unos a otros sin saber qué decir.

El ayudante que se había encargado de calmar a calabacillas le susurró algo al oído del secretario de uno de los consejeros. El rumor comenzó a correr. Hubo una sucesión de "ohes" y exclamaciones contenidas. El rey impaciente seguía esperando que el rumor le llegará a él, no podía ser el último en enterarse.
Al fin, alguien le dijo al oído "Majestad, mire el espejo. Son ustedes" "El artista del cuadro les está retratando a ustedes mientras la infanta juega con sus meninas"
"Muy ingenioso. Don Diego. Muy sorprendente e ingenioso."
Un gesto de la mano del monarca indicó que aquella noche Calabacillas debida recibir el doble de ración.

Todos pasaron a la sala contigua. Una suculenta comida celebraba la instalación de la obra nueva. Todos menos Juan Calabazas que en una esquina se frotaba las manos pensando en su doble ración mientras repetía sonriendo y con la mirada en el infinito "Somos reyes. Nos pinta a todos porque todos somos reyes".
Velázquez le observó detenidamente. Ya tenía la imagen, nítida y clara. Estaría el tiempo imprescindible en el almuerzo e inmediatamente se excusaría para retirarse a su estudio. Esa misa noche tendría terminado el retrato de la única persona que había entendido su nueva creación.



P.D.:"Este relato carece en todo punto de rigor histórico alguno que, por otra parte, nunca se ha pretendido en su creación".

domingo, 7 de octubre de 2007

Paradoja de si mismo



Rojo. No. Magenta. Magenta, amarillo y cian.

Simple. Sencillo. 3 colores y dos fenómenos; presencia total y ausencia absoluta de luz.

Entre la presencia y la ausencia de luz, encontramos infinitas tonalidades de gris.

Las combinaciones de 3 elementos, sin repetición, tomados de dos en dos y los tres, nos dan otros cuatro nuevos colores; a saber, naranja, morado, verde y marrón.

La combinación de nuestros siete colores con las infinitas posibilidades entre la presencia y la ausencia de luz nos da una escala cromática en la que podemos clasificar cualquier longitud de onda del espectro visible que capte nuestra retina; esto es, cualquier longitud de onda (o combinación) del espectro visible que no absorba la naturaleza de la materia del objeto que estamos mirando.

Al final ondas.

Cuatrocientos cuarenta y cuatro Herzios. La, A (en inglés).

Divisiones y subdivisiones de La, múltiplos y submúltiplos de La.

Do, Re, Mi, Fa, Sol, Si.

Y si seguimos dividiendo y subdividiendo, multiplicando y submultiplicando, encontraremos una nueva escala, y otra y nuevos semitonos, entre los tonos. ¿Si no, de dónde surge el flamenco?, ¿y el jazz?.

Nuestro tímpano vibra según la frecuencia de la onda que recibe y con la amplitud de la intensidad que lo golpea y así tenemos todo el espectro de sonido de frecuencias audibles.

Al final ondas.

No me jodas con la física.

Una sola visión en una combinación de longitudes de onda que ni por asomo se acercan a pertenecer al espectro visible pues se encuentran más allá del ultravioleta y por debajo, muy por debajo, del infrarrojo. Un sonido, un simple y puro sonido que jamás será audible pues es más grave que el grave más grave y más agudo que mayor de los agudos.
¡Qué dulce es mirarte!
¡Qué lindo escucharte decir "te quiero"!
¿Qué sería de nosotros sin las paradojas?

Gracias Maese Escher