No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

lunes, 10 de septiembre de 2012

El País Bien Parecido


En el país perfecto de aquello que siempre se hace bien sólo hay cosas buenas que están bien hechas. Hay soles redondos cuales oes bien cerradas en los que el color amarillo nunca se sale de la raya. Hay también casas bien cuadradas, con sus cuatro esquinas que unen sus cuatro rectos lados de igual tamaño. El marrón del tronco de los árboles nunca se mezcla, ni si quiera un poco, con el majestuoso verde de sus copas, que oscilan a un ritmo perfecto mecidas por un viento justo a una justa velocidad.

El país de aquello que siempre se hace bien siempre es bien parecido; pues lo bien hecho bien parece. Siempre ha sido así, siempre es así y siempre lo será...¿Siempre?

Una gran conmoción ha ocurrido bien temprano por la mañana, y nadie sabe cómo ha podido ocurrir. Un borrón, negro azulado tirando a granate y con un poco de verde, ha sido descubierto junto a la base, antes perfecta, de una antes perfecta casa que ha perdido la rectitud de uno de sus lados; probablemente el más importante.

Nadie sabe qué hacer. Nadie sabe si el borrón se va a quedar allí por mucho tiempo, o por el contrario es un borrón más bien pasajero. Pero lo peor es que nadie sabe si acaso no es él también un borrón perfecto. Los sabios perfectos del perfecto país están buscando en perfectos libros, perfectamente desempolvados, perfectos preceptos acerca de la perfección de los borrones. Pero aún no han encontrado nada y el borrón ya ha cambiado. Y si algo cambia, ¿cómo saber cuándo es perfecto?, ¿antes o después del cambio? ¿Será posible que cambie lo perfecto? 

En el país en el que antes era todo se hacía bien, ahora un grupo de árboles han relajado las rectas líneas de sus antes rectos troncos y tienen curvas delimitándolos. ¡Cada uno diferentes! Y esto no es lo peor, pues el marrón de los troncos está un poco mezclado, tras la transformación, con el verde de las copas y puede ser que se esté dando origen a otro borrón. Otro borrón, que al no poseer definición perfectamente preclara, no va a poder ser clasificado de perfecto, pero tampoco de imperfecto.

Los borrones perfectamente han pasado ya algún tiempo en el país que no sabe si todavía es perfecto, y los sabios de perfecta mente preclara han decidido hacer un anuncio: “No podemos perfectamente clasificar de imperfecto lo que no está perfectamente definido”. Muchas son las casas que han optado por la moda curvilínea que se sospecha que empezaron los árboles del parque. El borrón original ha aprendido rápidamente el perfecto manual del paisano bien parecido. Y los borrones posteriores están siguiendo sus pasos.

Llevan algún tiempo los borrones emborronando lo no emborronado; y tanto empeño han puesto que ya no pueden emborronar más porque no hay nada sin borrón. No se ve a un palmo a la redonda y nada parece bien porque no hay nada bien hecho. Muchos se lamentan de no haber sabido no hacer borrones, pero hay tantos borrones en la cola de espera que no quedan cuentas nuevas que arreglen semejante desarreglo. Nada parece nada porque todo parece borrón. Las casas parecen borrones, los árboles han quedado reducidos a borrones de borrón, y el Sol a duras penas despunta un borroso rayo tras cinco capas de borrón sobre él.

En el último minuto que quedaba de la última hora sin emborronar, los sabios, emborronados hasta la cintura, han llegado a una conclusión y al fin todo se ha esclarecido. Han definido que lo perfecto es aquello que hace bien su función, y si algo hace bien su función es bien parecido. Ya no quedan más borrones que aquellos que hacen bien su función, ni rectas donde funcionan mejor las curvas. Algunos colores se mezclan porque funcionan mejor mezclados; y los que no permanecen sólidos y preclaros. El país antes borrón y mucho antes perfecto, ahora sólo es el país bien parecido, porque en él todo tiene un lugar siempre que deje un lugar para todo lo demás.