El último rincón del planeta en el que nadie juzga al que se rellena el vaso.
El último reducto de gente en el que se agradece, con una sonrisa, una mirada extraviada al escote... o al paquete.
Porque entre vicios canallas surgen los instintos más básicos y las más lúcidas verdades.
Porque entre iguales que se sienten iguales el respeto es más que una norma, una razón de ser.
Os convoco a compartir asiento, copas, demagogias, mentiras como puños, y verdades piadosas en la mesa más redonda del café de Nicanor.
Eso sí antes de tomar asiento hay que apuntarse a cuenta la ronda corriente.
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