No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

jueves, 26 de febrero de 2009

Mo Cusha

Hacía tiempo que no la veía a pesar de que es una de mis favoritas.

Me resulta muy pesado seguir las películas en la tele de noche; así que cuando ponen un que me apetece mucho ver, y la tengo grabada o en DVD, me la pongo y la puedo ver del tirón, sin anuncios, y a gusto.

No recuerdo con exactitud cuando fui a verla al cine. Fue hace tiempo, por lo menos tres años. Sin embargo, sí recuerdo haber salido del cine impresionado por el conjunto de lo que considero una de las mejores películas que nunca he visto.

Me gusta lo bien manejada que está la cámara; lo fantásticamente bien tratado que está el ritmo; el guión que es una delicia, crudo, duro, realista a pesar de que se cumple un sueño y sobre todo horrorosamente humano. Adoro la música, sencilla pero precisa, fabulosa. Pero si hay algo que me tiene fascinado es la interpretación de los tres protagonistas; no voy a caer en el tópico de decir que es de Oscar (a pesar de que se los concedieron) porque es más que eso, es una interpretación de obra maestra. Es un auténtico privilegio disfrutar de cómo encajan todas las piezas en cada escena y me resulta un placer a pesar de que termino llorando.

Probablemente ahora esté terminado el pase en televisión. Seguramente esté recibiendo el golpe fatal, a traición, como la vida misma. A mi hace veinte minutos que el final de los títulos me despertó de un letargo bañado en lágrimas, en el que me había sumido tras leer "Produced and Directed by..."

Una historia de almas solitarias; una historia de errores cometidos; una historia de ilusiones cumplidas y vidas completas. Una historia de personajes que son capaces de curar cualquier herida menos las suyas propias. Una historia de la que, a un tiempo, temo y deseo formar parte en la piel de cada uno de sus personajes.

"(...)mi amor, mi sangre(...)"

lunes, 23 de febrero de 2009

Ágape.

Hurtando tiempo al tiempo(como alguien recientemente escribió), de puntillas, a escondidas, asomo mi nariz detrás de la esquina, para espiar el transcurrir de tus sentimientos que dejan escapar tu lánguida mirada y tu furtiva sonrisa, apenas insinuada. Y pienso.

Si por un momento fuera capaz de cazarlos al vuelo; de evitar que volviesen a entrar junto al aire, por tu nariz, al respirar. Si tuviera el poder de arrebatárselos al tiempo, de detener ese ciclo insano, vicioso, que no te permite estar en paz. Si pudiera ayudarte a entender, entenderte para ayudar, quizás. Puedo. Claro que puedo.

Me acerco por tu espalda, sin prisa, tengo tiempo. Apoyo suavemente mis manos en tus insensibles hombros. Apenas las sientes, no reaccionas. Espero que una vez más se abra la compuerta de tu lánguida mirada y de tu sonrisa nada ingenua. Y escapan, salen de nuevo. Pero esta vez me adelanto, e inspiro fuerte y expiro y vuelvo a inspirar de nuevo. Se resisten, ya lo creo que se resisten, pero soy tenaz, y persisto. No pueden evitar cambiar de rumbo. Terminaré exhausto pero victorioso. Quizás demasiado cansado para evitar que escapen por mi lánguida mirada, por mi sonrisa de payaso eternamente pintada. Quizás me he condenado de nuevo a este círculo vicioso, insano. Quizás, pero te habré liberado.

Tu mirada sorprendida, casi asustada, me mira. Ahora ya sientes mis manos que cual tenazas se aferran a las tuyas. Pones tu cara junto a la mía, casi son una, y fuerte, bien fuerte, inspiramos a un tiempo; dejando que mis pupilas se pierdan en las tuyas, que las tuyas se encuentren en las mías. Expiramos despacio y te beso. Y siento lo que sientes porque sientes lo que siento.

Tu mirada ya no es lánguida. Tu sonrisa vuelve a ser ingenua. Y por fin juntos digerimos tan amargos sentimientos.



A D. Miguel de Unamuno (Bilbaino y Salmantino eterno a un tiempo) “Cuando le acaricio las piernas a mi mujer ya no siento nada, pero si le duelen las piernas a mi mujer, me duelen las mías”.

lunes, 2 de febrero de 2009

Grande...y 100

Y digo yo... ¿Qué tendrá?

En estos días estoy saldando una de mis deudas literarias, El Ocho. En el capítulo de ayer un desconocido Johann Sebastian Bach diserta sobre la fuerza de la música y su relación con las matemáticas, su poder para influir en la gente. Yo siempre he tenido claro lo mucho que puede influir la música en mí, desde bien pequeño, y no son pocas las ocasiones en las que aquí lo he contado.

Sin embargo una vez me he quedado sorprendido.

No puede haber en este mundo personaje con peor memoria que yo. No hay día que no me olvide algo en algún sitio, me cuesta arduo trabajo recordar fechas, incluso caras y situaciones. Mi falta de memoria es casi enfermiza. Sin embargo me acordé.

Hoy, al terminar la clase de step en el gimnasio (sí voy a clase de step pero eso es vino de otro post), en los cinco últimos minutos de calentamiento nos han puesto, como siempre, un canción más lenta ,"Mil calles llevan hacia ti" de la Guardia, y justo cuando ha terminado sesión, durante un segundo escaso, ha sonado el comienzo de la siguiente canción. Yo conocía esa canción. Por vergüenza (que aunque parezca que no, la tengo) no me he atrevido a pedirle a la monitora que dejara un poco más la canción para reconocerla. Así que me ido con la intriga la ducha, y de ahí al coche y al fin a casa.

Estaba seguro de que era una balada de un cantante italiano con la voz ronca de entre los 80 y 90; y estaba convencido de haber escuchado esa canción mil veces, pero en el instituto o como mucho en los primeros años de carrera (de lo cual puede hacer entre 13 y 17 años), y con las mismas he empezado a buscar en Internet.

Esa costumbre de buscar una canción que he escuchado en alguna parte (cafetería, anuncio, radio, vecino... o lo que sea) me viene de antaño; de hecho durante algún tiempo me dedicaba a dejar una cinta en mi cassette de doble-pletina grabando la radio, para luego pasar a otra cinta las canciones que pescaba y me gustaban, qué tiempos. Entonces sí que tenía mérito.

Imagino que lo de menos, hoy en día, es que haya dado con la canción y el cantante, después eso sí, de escuchar en youtube a toda una tropa de vocalistas pop italianos con la voz ronca, que no son pocos. Para mi lo que realmente cuenta es la sensación tan fantástica que me produce volver a escuchar esa canción de nuevo, de como estaba en algún rincón escondida, en letargo durante años, juraría que más de cinco y de diez, para salir y sacar de mí: sonrisas, sensaciones, hojas del diario escondido en el cuarto, cartas echadas al buzón a escondidas, letras de canciones en las solapas de la carpeta, miradas perdidas en el fondo de la pared del aula, emociones, besos con los ojos cerrados esperando que ella también acerque sus labios, aprender a priorizar, escuchar a los amigos, crecer, llorar, correr de un lado a otro, vivir a cada a paso, apurar los minutos, los segundos, los instantes, cosas de puro tontas tan importantes... En fin.

Fue buscando una canción por Internet, "Meravigliosa Creatura" - Giana Nanini que había escuchado en un anuncio de televisión, que di con un blog que tenía la letra de la canción. Yo entonces sabía lo que eran los blogs pero nunca me habían llamado la atención, ni siquiera había leído ninguno. Ni que decir tiene que leí mucho de aquel blog, y sus palabras me hicieron comprender que eso mismo era justo lo que hacía tiempo que tenía ganas de hacer. Desde entonces hasta hoy han pasado ya 100 post, y esto de escribir por Internet me sigue gustando cada vez más. Así que no puede ser menos que le dedique a la persona que afortunadamente colgó la letra de aquella canción por Internet (y a la que sé que le gusta la música italiana, pues cierto rincón para la múscia da fé de ello) este post número 100 y la canción de Paolo Vallesi que al fin me ha dado la inspiración para escribirlo.

Gracias Nadaq, porque no sé si será mucho o poco, nimio o muy importante, pero sé que te debo la inquietud de no sólo escribir sino publicar mis sentimientos e inquietudes y de disfrutar con ello; lo que para mi es mucho más que mucho.



Y digo yo, ¿qué tendrá la música? ¿Qué tendrán los blogs?
Quizás, simplemente, personas y otros mitos detrás.