No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

jueves, 18 de diciembre de 2008

Reformulación del principio de Heisenberg.

Si encuentras la pieza que falta no verás el hueco en el puzzle; y si ves el hueco en el puzzle no encontrarás la pieza que falta.

martes, 16 de diciembre de 2008

Nochevieja diferente...

¿Y estará la Condal preparada para el Vizconde...?

...o es el Vizconde el que se tiene que preparar para la Condal.


sábado, 13 de diciembre de 2008

¿Entiendes?

"En ocasiones, cuando me sentía incomprendido, acercaba mi cara a la suya hasta que casi se juntaban nuestros ojos, y cuando me correspondía con la mirada estaba completamente seguro de que me había entendido. Luego me lo confirmaba, para que no me quedase duda, con un gran lametazo en la cara de abajo a arriba."



















Más o menos éste ha sido el comentario que he dejado en el blog más noctámbulo de Nadaq como respuesta a su bella explicación del entendimiento sin palabras, valga la redundancia.




Si hay una cosa que este compañero de piso me enseñó durante año y medio fue lo mucho que sobrestimamos las palabras a la hora de hacernos entender. Dicen mucho más de nosotros, y de lo que queremos expresar, tonos, gestos, ademanes, miradas, lágrimas, sonrisas, medias sonrisas, carcajadas y posturas, que cualquier pensamiento que encorsetemos en las normas del lenguaje hablado o escrito.


















En ocasiones lo llamamos presentimientos, otras sexto sentido, hay quien dice que se puede estudiar casi como una ciencia y prefiere llamarlo telepatía. Una vez más el lenguaje nos enreda y engaña. Es simple y llano entendimiento. Un niño no necesita que su madre abra la boca para saber que está enfadada; un gran abrazo en ese momento te hace sentir querido mejor que mil tequieros; y la chica que anoche sabía, desde el otro extremo de la barra, que la estaba mirando no necesitó que abriera la boca para sentirse deseada.



















Es curioso como usamos la palabra animal de forma despectiva para indicar que alguien tiene un comportamiento brutal. Una vez más nuestra innata vanidad humana nos hace ciegos ante el hecho de que, precisamente por ser humano, nuestro comportamiento puede llegar a ser el más cruel del mundo animal. Ya me gustaría a mi tener en ocasiones la mitad de la capacidad de entendimiento que mi compañero me demostró. Y es que en ocasiones me siento muy orgulloso de parecerme, aunque sólo sea un poco, a un animal. ¿Entiendes?

viernes, 12 de diciembre de 2008

"Porteño Ladrón"

El otro día, al salir de baño después de ducharme, noté como alguien me llamaba. Me di media vuelta y ahí estaba, al otro lado del espejo, el Porteño Ladrón diciéndome:"Gordo, dejáte de boludeces y vive loko"

Un gran abrazo Maestro

lunes, 1 de diciembre de 2008

Tras el ocaso... real como la vida misma.

"(..)El camino se hace andando sí, pero un desierto es un desierto(...)"

No hace mucho aprendí que muchas de mis lágrimas saben a polvo que se mete en mi boca levantado por mis pies cuando camino por el desierto. Y es que voy de vuelta recorriendo paso a paso el camino andado. Esta vez no tengo la esperanza de un nuevo oasis tras cada nuevo horizonte, pues si no los hubo en la ida no los habrá en la vuelta, pero tengo la certeza de saber a dónde voy y cuanto me queda para llegar. La distancia es grande pero finita y el camino duro pero conocido.

Como Pulgarcito voy recorriendo
el camino de regreso recuperando aquellos restos, en la ida lastres, que no se comieron los buitres y desprendiéndome al tiempo, poco a poco, de todos esos lazos que unían y se transformaron en afilados alambres cortantes, de la misma forma que su cobijo tornó en carcel, solo que esta vez soy yo el que me espera en el nuevo origen, ahora destino, para seguir remando río abajo a contracorriente.




Siento que estoy recorriendo el camino que sigue el fénix tras el ocaso.

Y de nuevo...


Comienza a tocar, una vez más, su melodía, visiblemente cansado y tremendamente consciente de que es la última vez que va a ser tocada. Confirmando sus presagios surge de él mismo, a destiempo, una nueva melodía que no tiene la más mínima consideración con la anterior en mostrarse mucho más viva y brillante, completamente distinta en estilo, tiempo y forma y que se impone a paso firme sobre ésta porque así debe ser.
El tiempo de uno toca a su fin y el del otro debe comenzar inminentemente.
Real como la vida misma.