No existe causa, creencia, motivo, tierra, país, religión, cultura, pueblo, pertenencia o pensamiento que merezca el sacrificio de la vida de otra persona.
El Vizconde de Bragelonne

lunes, 10 de diciembre de 2007

Feliz ¿Navidad(c)?

Siempre me gustó hacer regalos. Mucho. Pero no como reprocidad a un acto, a otro regalo o la conmemoración de una fecha. Siempre me gustó hacer regalos por el simple hecho de hacer regalos. Y es que cuando el regalo se convierte en la expresión de un acto recíproco, en realidad pierde su significado para tomar el significado de respuesta al acto original.

Por ejemplo, una boda. Hay que regalar en función del banquete, la relación con los novios, su (y tu) condición social. En fin, que menos porque te apetece que esa persona a la que quieres tenga eso que quieres para que cuando quiera te recuerde(según mi particular definición de regalo, con permiso de la RAE y Wikipedia (c)), regalas por cualquier motivo, y en consecuencia reglas sin sentido, o mejor dicho, con sentido ajeno.

Por eso me molesta el consumismo desbordado que nos aborda en estas fechas. No soporto ver como se hacen las cosas sin sentido. Yo no es que sea especialmente religioso, pero si celebramos una fiesta de tradición cristiana (Navidadde Natividad, Nacimiento) digo yo que el sentido de la fiesta estará en la tradición cristiana. Y es que me parecería perfecto toda esta avalancha "compril" si se tratase del mes de las compras caras, por ejemplo, o la semana del regalo al amigo y la comida familiar. Al ritmo que vamos al igual que San Nicolás ha acabado vistiendo de rojo "Coca-Cola(c)" el niño Jesús va a terminar siendo el símbolo del consumismo. Dentro de unos años (y esto es como el cambio climático, o el lobo del cuento, que viene, que viene y al final viene), cuando un niño pregunte qué celebramos, le tendremos que responder que celebramos el que a un niño que llamaban Jesús le hacían muchos regalos y comidas familiares y por eso nos hinchamos a comer y cenar y nos dejamos una pasta gansa en regalos.

Fachada de "El Corte Inglés" (Madrid) un mogollón de autómatas hacen las delicias de unos cientos de personas. En el centro de la fachada en un portal de Belén incrustado(literalmente) en un Pino gigante nevado y adornado con luces, San José y la Virgen María (al niño apenas se le veía pero seguro que también) entonan al ritmo de los otros veinte autómatas "Cortylandia, cortylandia, vamos todos a cantar. Alegría en estas fiestas porque ya es Navidad...". Mientras en la acera, tres Teletubies(c)(que daban realmente miedo), cuatro Mickies(c), un par de patos Donald(c) y un Rey Mago¿(c)?, reparten globos a todo niño viviente(chillane, corriente, gritante, llorante pero pocos sonrientes) a cambio de la voluntad del padre, madre o tutor. ¿Alguien me puede explicar qué es lo que celebramos? Mejor dicho, al niño/niña que está viendo eso ¿alguien puede hacerle entender qué es lo que se celebra? Imposible



En fin, por mi parte me quedo con lo que me gusta, que es ver a mi familia junta; repartir regalos, quizás también recibirlos; ilusionarme con la ilusión de mi chica (que le encanta la Navidad, y a mi me encanta que le encante) y de mi urogallo de siete años favorito; y celebrar que comenzamos un año más todos juntos.

En fin, lo de siempre, coger un poco de impulso para darle otra vuelta al Sol.

Un beso a todos/as (así, de gratis."Porque hoy es hoy(c)") y Feliz Navidad.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Ilusión

El salón era enorme. En realidad eran dos habitaciones unidas al quitar el tabique que las separaba. Me sentaba en el suelo y esperaba emocionado. Los segundos se hacían horas. Pero era seguro que tenía que empezar. Del Un, Dos, Tres lo mejor era la espera, la duda, el saber si iba o no iba a salir.


Lo sacó del bolsillo derecho de su chaqueta con la manga remangada un tipo con chistera, el pelo largo, blanco y muy despeinado, los dientes descolocados y que daba voces mientras tocaba un violín imaginario.

Tamariz me enseñó a disfrutar de la magia desde pequeño; me enseñó a preguntarme el porqué de las cosas; me enseñó a que no todo es lo que parece; pero sobre todo, me enseñó lo importante que es una buena presentación para casi cualquier cosa en esta vida. Creo que es de las pocas personas que aún me hacen dudar de lo inútil de la caja tonta. Tamariz me ha enseñado mucho, me ha hecho disfrutar mucho pero también es el responsable de una de las obsesiones de mi vida.

Era un simple cachivache, de madera, pintado de rojo, pero a mi fascinaba y aún lo sigue haciendo.

En todas las actuaciones que le he visto, infinidad en televisión, apenas dos veces en directo, siempre me ha sorprendido con los efectos más simples, o con los que aparentemente eran más simples. Un día consiguió dejarme boquiabierto, adivinando una carta por teléfono, tan sencillo como suena. Lo vi en directo.

Por momentos llegué a creer que realmente tenía un hombrecito diminuto que lo manejaba. La teoría se quedó sin fundamento cuando conocí el modelo transparente, de metacrilato.

Tamariz con su magia me ha conseguido emocionar como no lo ha hecho ningún otro mago, pero su mayor logro ha sido que definitivamente renuncie a mi mente ingenieril tratando de descubrir sus trucos. Con otros magos lo intento, indago teorías, pruebo a hacer algo parecido en casa. Con él no. Con Tamariz simplemente me dejo llevar durante la actuación, me río a carcajadas y disfruto como un niño.

La última versión que he conocido es un modelo Lego(c). Es muy chulo porque lo monta el propio espectador al que le hacen el juego. Lo único que no me gusta es que todavía no se lo he visto usar a Tamariz, seguro que le saca más provecho que nadie. ¿Quién más sino es capaz de crear tanta ilusión durante años con un simple cochecito de madera?